• Leonardo Maldonado

Apuntes sobre Colaboración Extrema


La pandemia en la que estamos sumergidos ha sacado a relucir muchas de nuestras cualidades como humanidad, pero también muchas de nuestras deficiencias. Una de las más trágicas, es la dificultad que tenemos para reaccionar todos juntos en una era en que la mayor parte de los grandes desafíos son planetarios y no nacionales.


Tenemos que estar a la altura de retos tan complejos cómo el calentamiento global, las migraciones masivas, la potencial crisis económica, la destrucción de los océanos, la contaminación del plástico, la privacidad digital y los desafíos éticos de la genómica por nombrar sólo algunos. En todos estos temas (y muchos más) nuestras respuestas han sido torpes, parciales, lentas y locales. No estamos siendo capaces de reaccionar a tiempo y esto se debe en parte a la obsolescencia de nuestra gobernanza planetaria y mientras no la actualicemos (lo que va a tomar tiempo) necesitamos desarrollar nuevas maneras de colaborar de manera global, a estas nuevas maneras les llamamos “Colaboración Extrema”.



¿Cómo nos "organizamos" hasta hoy?

La mayor parte de las instituciones que hoy usamos para articularnos de manera global (ONU, FMI, OTAN, UNESCO, etc) fueron inventadas a la salida de la Segunda Guerra Mundial y perfeccionadas con la caída del Muro de Berlín. El dilema es que estas organizaciones que inventamos hace 75 años, hoy día se muestran completamente sobrepasadas a la hora de manejar estas crisis globales en las que estamos involucrados. Si bien estas instituciones cumplieron un rol muy relevante en las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial, conteniendo la tensión de la guerra fría, y construyendo espacios de acuerdos entre las naciones, hoy en día no logran avanzar ni resolver los desafíos a la velocidad requerida. En esta nueva era de tecnologías exponenciales, de un mercado completamente globalizado, de una hiperconexión que acorta tiempos y distancias y, de una descentralización del poder, se requieren nuevas instancias y nuevas maneras de resolver los problemas globales.

El poder de la OMS y de las Naciones Unidas para enfrentar la pandemia y la capacidad de los países de trabajar en conjunto para resolver un problema que claramente no es nacional sino que global, deja patente que nuestras instancias para colaborar como humanidad no están a la altura del desafío.



¡El problema es que la pandemia no es el único desafío global que tenemos, es sólo el más urgente! El 25 de septiembre de 2015, 193 países de la Asamblea General de la ONU adoptaron la Agenda de Desarrollo 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y los 169 objetivos y 232 indicadores asociados. Desde ese día, hemos tenido el desafío de alcanzar esos objetivos y, en la mayoría de los países, empresas y ciudades, la tasa de cambio ha sido insuficiente para llegar a la meta en el 2030.


Lo trágico es que la lentitud no se debe a la falta de interés, la dificultad radica en cómo trabajar juntos para resolver estos desafíos mundiales. Hay innumerables iniciativas y organizaciones públicas y privadas que se desviven por avanzar en equidad de genero, el calentamiento global activa a miles de iniciativas a su vez, y la erradicación de la pobreza moviliza por su lado a otros tantos. Cada uno de los 17 desafíos tiene fervorosos defensores que desde el gobierno, la empresa privada o la sociedad civil trabajan incansablemente por avanzar. El desafío es cómo hacer que trabajemos juntos en estos temas que tenemos que resolver en los próximos 10 años.

Dada la urgencia, la colaboración tradicional no basta. No podemos seguir colaborando sólo con quienes nos es fácil colaborar. Si queremos tener un planeta en el cuál convivir, necesitamos desarrollar la “Colaboración Extrema”. Necesitamos colaborar con los que no conocemos, pero lo que es más complejo es que necesitamos colaborar con quienes miramos con desconfianza, incluso .... con el que percibimos como enemigo. Es decir, necesitamos con urgencia nuevas instituciones y nuevas estrategias que puedan avanzar a la velocidad que la humanidad requiere. Estrategias que no necesiten del consenso absoluto para poder avanzar. Que no sean centralizadas ni jerárquicas, si no más bien colaborativas abiertas y distribuidas.


Miremos como ejemplo el Calentamiento Global El mecanismo creado por las Naciones Unidas para enfrentar este desafío es la Conferencia entre las partes (COP). El famoso “Acuerdo de París” (COP21), valorado como un gran avance a nivel mundial, es relevante por que implica que después de reunirse durante 21 años, recién en la COP de París pudimos llegar a un acuerdo sobre cómo actuar como humanidad! Por qué nos demoramos tanto en llegar a acuerdo? La razón es simple, el mecanismo de la COP para avanzar, es por unanimidad! ¡A este ritmo, no podemos llegar a tiempo!


Pero existen soluciones de “Colaboración Extrema” que permiten avanzar más rápido. El 23 de Septiembre del 2019 durante la cumbre del clima convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, en Nueva York se lanzó bajo el liderazgo de Chile, la Alianza de Ambición Climática. A esta nueva iniciativa se podían incorporar los que estuvieran dispuestos a comprometerse a la Carbono Neutralidad al 2050, sin necesitar de negociaciones ni consensos, cada uno se podía sumar cuando quisiera y comprometerse a llegar a la meta por el camino de su elección. Ese mismo día lo suscribieron 66 países, 102 ciudades, 75 empresas y 2 trillones de dólares en activos comprometidos a la carbono neutralidad al 2050. Actualmente, hemos logrado sumar a 121 países, 449 ciudades, 992 empresas, 505 universidades y 4 trillones de dólares.

Necesitamos Colaboración Extrema

Si queremos resolver esta pandemia y enfrentar de mejor manera las que vendrán, y llegar a la meta de estos 17 desafíos, se nos está acabando el tiempo. Necesitamos cambiar drásticamente nuestro estilo de vida y necesitamos hacerlo ahora. El coronavirus nos ha demostrado la incompetencia de nuestras maneras de operar. El calentamiento global lleva mucho tiempo avisándonos mediante tornados, sequías, incendios y diluvios la urgencia del cambio. La dificultad no está en el diagnóstico, que la ciencia ya ha dejado más que claro, la dificultad está en la movilización del cambio.


Tengo el privilegio de participar de un movimiento global llamado CIUDADES+B en el cuál hemos desarrollado en la práctica 4 estrategias concretas para lograr la “Colaboración Extrema”. Resumidas en pocas frases estas son:

  • Necesitamos cultivar una “Épica Común”: Necesitamos permanentemente reconstruir el sentido del nosotros. Si nos vemos en barcos opuestos la colaboración no es posible, e incluso es un contrasentido, pero si nos visualizamos en el mismo barco, empecinarse en hacerle hoyos se transforma en síntoma de locura.

  • Necesitamos Entrelazarnos: No requerimos que todos estén de acuerdo en todo, todo el tiempo (eso es imposible), necesitamos que algunos, estemos de acuerdo en algunas cosas, por algún tiempo. Este entrelazamiento necesitamos hacerlo una y otra vez, respecto a una gran variedad de propósitos y acciones específicas. A fuerza de ir encontrando esas pequeñas sinergías, terminaremos cultivando confianzas entre nosotros que nos permitirán soñar horizontes conjuntos cada día más ambiciosos.

  • Necesitamos estar todos: Para resolver los desafíos de la humanidad no bastan los gobiernos y la sociedad civil, es clave que participe la empresa. La empresa puede y debe ser un gigantesco motor de cambio. Es central que todos participemos y que busquemos sinergias entre nosotros.

  • La ciudadanía tiene un rol clave: Hasta ahora la ciudadanía ha desarrollado una gran fuerza para exigir que otros hagan los cambios, lo que es muy necesario. Pero adicionalmente la ciudadanía hoy tiene la capacidad de liderar el cambio y esa es una clave del siglo XXI: Ya no se trata de cambiar a nuestros gobernantes para que ellos a su vez cambien el mundo, si queremos dejar de consumir botellas plásticas y dejar de lanzar un millón de botellas plásticas por minuto al mar, nosotros ... todos nosotros podemos dejar de comprarlas.

En resumen ... Necesitamos llegar a la carbono neutralidad al 2050 y sólo nos quedan 10 años para lograr las metas plasmadas en los ODS. Pero mucho antes que eso, en los próximos 18 meses tenemos que enfrentar las repercusiones económicas a nivel planetario del Covid-19 y prepararnos para las pandemias que vendrán. Seguir enfrentando los desafíos globales, como si pudiéramos resolverlos con la política interna de cada país y cómo si la cancha global sólo fuera un espacio de competencia y de suma cero, sólo es una demostración de nuestra ridícula ceguera al tamaño de los desafíos que nosotros mismos hemos creado.

Como humanidad tenemos grandes y urgentes desafíos ya declarados y muchos otros que aún no asumimos. Necesitamos con urgencia una nueva gobernanza global, nuevas instituciones (acordes con los tiempos) y nuevos procesos. Pero mientras eso no ocurra, estamos ante una encrucijada: o aprendemos rápido a trabajar juntos (en paralelo a la gobernanza existente) comprometiéndonos en serio a salvar nuestro hogar compartido, o vamos a seguir nuestra sorda carrera desenfrenada, divididos entre nosotros, arriesgándonos a destruir el mundo en el que habitamos y todo lo que hemos logrado hasta ahora.

Ilustraciones: Alejandro Balbontín

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